Odio a primera vista

Ahora que me toca ponerme delante de un ordenador para escribir en un blog y puedo hablar de algo que me gusta. Ahora, se me antoja todo lo contrario. Así que voy a escribir sobre algo que detesto.

¿Detestar? Pues sí, ni más ni menos, porque es lo que “ELLAS” me provocan.

Las conocí oficialmente hace cuatro años y desde un inicio me parecieron insoportables. Se presentaron por sorpresa, con su aire amigable y desenfadado. Tenían ese no sé que, que atraía con su estilo moderno que al fin y al cabo ni era estilo ni era moderno. Su forma de ser, tan adaptable, que claramente era una señal de falta de personalidad. Se vestían de diferentes formas, colores y materiales. Se movían con soltura entre la gente y se iban con cualquiera. Por lo general siempre eran bien recibidas, con sus sonrisas, frases ingeniosas y con mucho por contar. Pero muy frecuentemente llegaban tan al límite que no podían evitar cruzar la línea de lo incívico y de lo incorrecto. Lo peor de todo, es que no era culpa suya, sino de esas personas que se juntaban con “ELLAS” y que, dejándose llevar por su actitud, se olvidaban de que hay ciertas cosas que no tienen mucho sentido.

Tras una breve estancia desaparecieron y me sentí aliviada. Pero era una mera ilusión porque como mínimo una vez al año aparecen de nuevo. Otra vez con sus viejos discursos y las mismas promesas de modernidad, creatividad, derechos, etc. Y año tras año me sigo preguntando que necesidad hay de lidiar con “ELLAS”.

¿Por qué no las alejo de mí? Porque tienen fieles seguidores que creen en “ELLAS” muy firmemente y yo me veo en medio de ese mar de halagos sin poder deshacerme ni un instante de su presencia. Si por mí fuera, las eliminaría de mi vida al instante. O al menos, las ignoraría cuando aparecieran, pero me resulta imposible.

Y es que las odio. No puedo con “ELLAS”. Ni las comprendo, ni las entiendo, ni creo que llegue a hacerlo nunca. Me hacen perder el tiempo y por consiguiente yo a “ELLAS”. Y tanto insistir por aparecer en mi vida y en las vuestras, ha acabado por desquiciarme. Sí sí, habéis leído bien, en las vuestras también. Y es que el odio a primera vista existe, y a veces hay que saber guiarse por las primeras impresiones.

Pero de que poco me hubiese servido dejarlas de lado. Porque muy a mi pesar me han hecho falta para llegar donde estoy. Porque “ELLAS”, las “INTERVENCIONES EN EL ESPACIO PÚBLICO” me las he tenido que tragar con embudo y sin respirar.

Sònia Rico Duarri

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3 thoughts on “Odio a primera vista

  1. Ari B. Miró ha dit:

    Si, lo corroboro… jajaja

    Venga ánimos que te queda una más.

  2. soniaricoduarri ha dit:

    Lo se, solo espero que esta sea la última. Al menos la última obligatoria.
    Sònia Rico Duarri

  3. No las odio, las aborrezco con toda mi alma y corazón y ojalá fueran un ente físico para vomitarles encima. (Perdón a las mentes sensibles)
    A nosotros nos queda todo por hacer T.T

    Paula Marsal

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