Amor en tiempos modernos

Por empezar de alguna manera, podría decir que estoy quemada. Sí, muy quemada. Quemada y cabreada.

Y no es por qué sí, tengo mis motivos, para algunos más o menos importantes, pero motivos al fin y al cabo.

La sociedad en la que me toca vivir me toca las narices, para ser más exactos, me toca las pelotas. Me toca mucho las pelotas la gente que pasa por la vida sin ningún tipo de aspiración, con la simple necesidad de pasarlo bien, sin importarle ni un ápice la manera como esto puede hacer sentir a los demás.

Bien, os voy a explicar. El sábado pasado conocí un tío. Un tío maravilloso, genial, fantástico. Un tío que (como a todas nos han hecho alguna vez) me vendió la luna, el cielo y las estrellas, todo en un pack regalo, envuelto de purpurina, color rosa y brillantina.

Un tío genial que, de un día para otro, “no estaba preparado para conocer a nadie”. Vale, hasta aquí todo normal, comprensible ¿no? Chico conoce a chica, se gustan, quedan, a ella le gusta más que a él, él ve que no era lo que buscaba, se lo dice y punto. Todo en paz. Pero la cosa cambia cuando es él el que la busca, el que la besa y el que dice que quiere seguir conociéndola, que no quiere conocer a nadie más, el que la trata con cariño… Llamarme ingenua, decirme que solo se quería meter bajo mis sábanas, bajo mis bragas, pero me lo creí todo, como una imbécil.

Pensé que después de tiempo podría haber encontrado a alguien que merecía la pena y que era algo normal, alguien con quien divertirse, reírse, pararlo bien en general. Alguien parecido a mí, independiente, maduro (muy maduro visto lo visto) y con las ideas más o menos claras.

Bueno… Pasaron los días, me dijo que me llamaría y que quedaríamos el finde siguiente. ¿Os ha llamado a vosotros? O, ¿Os ha dicho de quedar? No, ¿verdad? A mí tampoco.

Después de días sin respuesta, sin entender nada, sin ningún tipo de explicación ni llamada ni pollas, me llega un Whatsapp (¡Eh! ¡Ante todo valiente! Que por cierto, vaya mierda esto del Whatsapp, ¿Dónde han quedado las llamadas, el dar la cara? El enfrentarte a las cosas en la vida real… Claro, es mucho más fácil esconderse detrás de una pantalla). Bueno, en este Whatsapp me pedía disculpas por el “abandono”, disculpas por ser un cabrón y me decía que no se sentía preparado para conocer a alguien (tenía 28 años por cierto), que no quería jugar con nadie y que necesitaba conocer más a alguien antes de besarla (mierda…tengo que dejar de apuntar con la pistola a los tíos con los que me enrollo… ¡Venga hombre!).

Conclusión… La gran mayoría (no digo todos, que sino más de uno se ofenderá) de los tíos están boyados. Os falta un hervor chicos, enserio. Os falta un par de ostias bien dadas, madurar de una puta vez, decir directamente lo que queréis y lo que no, ser más claros y las cosas irían mejor.

Dejar de pensar alguna vez en vuestra puta vida con el pene, mirar más allá. Hay algo más que un par de tetas y un culo, hay personas que sienten y que se pueden sentir heridas, personas con orgullo, personas que les ha costado mucho subir su moral para que vengáis ahora vosotros y los hagáis sentir como una mierda. Y no, no es algo solo personal (que también), conozco un montón de mujeres que han pasado por esto, personas que no os merecíais ni por asombro, personas que lo han pasado mal por tíos como vosotros.

Iros todos a la mierda.

No sé qué tipo de sociedad estamos creando. Una sociedad consumista, que lo único que quiere es más y más. Cantidad, sumar y sumar cosas. Que no le importa romper cosas o personas, pisotear a los demás con la única finalidad de subir y estar por encima de ellas.

La historia que os he explicado es un claro ejemplo de esto. Creo que si alguna vez empezáramos a mirar más allá  de nuestro ombligo entenderíamos muchas cosas. Nos hemos modernizado tanto y queremos ser tan “cools”, tan guays que nos hemos olvidado de todo lo importante, que somos personas al fin y al cabo.

¿Por qué pasamos de un chico genial, que nos ha cuidado y nos ha mimado durante tiempo, sólo por conocer a otro? ¿Por qué nos tira tanto lo nuevo?

¿Por qué nos cuesta tanto entender que un abrazo, un beso, una charla tranquila con alguien a quien quieres, una cerveza fría rodeado de amigos es lo que de verdad importa, lo que te salva la vida?

Y sí, yo también me he equivocado miles de veces, y muchas más miles que me quedarán, pero puedo decir algo con total seguridad: no solo miro por mí, y que, a partir de hoy, sólo me voy a rodear de personas buenas y con principios.

Paula Carbonell

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One thought on “Amor en tiempos modernos

  1. Paula Marsal

    Estaba esperando que los chicos reaccionaran con este artículo, pero visto lo visto, pues meto yo la gamba XD

    Me encanta leer libros de psicología (algunos muy divertidos y recomendables) que hablan sobre las diferencias de los sexos y cómo han ido evolucionando y cambiando los roles. Tanto ellos como nosotras tenemos cosas buenas y cosas malas, todos lo sabemos.
    La mayoría de las veces es la mujer la que termina una relación, por lo que nos hemos ganado el título de frías y crueles. Ahora bien, cuando la mujer es la que corta, corta por lo sano, con convicción y diciendo las cosas por su nombre (hablamos de la mayoría, no todo el mundo). Cuando es el hombre el que corta no es tan claro, deja las cosas a medias tintas y termina con un abrazo y diciendo que te quiere; que a mi modo de ver se traduce en: que te den por culo y un abrazo.
    Resultados: El hombre dejado por una mujer llegará a sufrir máximo un mes, la mujer sufrirá mucho más tiempo porqué como las últimas palabras fueron: “…pero te quiero”; tratará de recuperarlo varias veces hasta darse cuenta que aquello sólo lo dijo por “no herirla”.

    A veces las verdades duelen, pero se sanan más rápido. Las mentiras piadosas dan esperanzas, pero te matan al pasar el tiempo.

    Estas actitudes tienen sus explicaciones psico-científicas, pero no estoy cualificada ni es de interés comentarlas aquí en toda su extensión, pero un pequeño resumen sería:
    Las mujeres están más preparadas, sociológicamente, para los reveses psicológicos y sentimentales que un hombre, debido a que, en la historia, han tenido que comunicarse y socializar más que el hombre, por lo que conocen mejor el mecanismo emocional.

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