Tanto para unas cosas y tan poco para otras

En más de una ocasión la gente que me conoce me habrá oído preguntar “¿Cómo puede ser que el ser humano sea capaz de clonar animales y aún así todavía le siga fallando el wifi?

Día a día hay pequeños detalles que hacen que me de cuenta de que nuestra rama laboral aún tiene mucho trabajo por delante (lo reconozcan o no las grandes instituciones) y eso me preocupa. Me decepciona un poco profesionalmente ir a un bar y seguir escuchando a la gente decir “¿y mi piti? Si lo había dejado aquí”. Mirar debajo de la mesa y verlo ahí tirado, sucio y pisoteado después de que una corriente de aire se lo haya llevado por delante por no haber pensado bien en el diseño del cenicero de terraza.
Otra cosa que me ronda por la cabeza es el tener que pasearse con el “maldito” casco de la moto en la mano después de aparcar en el centro para ir a hacer tus compras, o que las tazas te sigan quemando las manos después de haber calentado tu cafelito de buenos días.

Y sí, sé que existen “cachibaches” de diseño súper molón y cuco que se venden en algunas tiendas como el Natura o Vinçon, pero ¿por qué no se ha conseguido que toda la sociedad lo utilice? ¿por qué no han funcionado del mismo modo que funcionó la fantástica idea de pegarle un palo a un estropajo y llamarlo fregona?
Quizá, el error sea nuestro por centrarnos más en hacer cosas bonitas que nos gusten a primera vista y luego, si eso, que cumpla una funcionalidad que no le quita el sueño a nadie. O por lo contrario buscar ideas y conceptos que quieran arreglar el mundo sin tener en cuenta estos pequeños detallitos.

Por otra parte estoy segura de que el consumismo tiene mucho que ver en esto. Los diseños demasiado buenos afectarían al flujo de consumo, ¿no? Sería el mismo principio que la obsolescencia programada, cuanta menos durabilidad tiene un producto o antes pasa de moda, mejor es para nuestra sociedad de consumo.

Pero, ¿en serio?
¿En serio, hace falta que sigamos sin un bonito y funcional cenicero que aguante el cigarro con algún tipo de pestaña o lo que sea que le haga falta para sostenerlo? Y mientras tanto, siguen saliendo miles de colores nuevos y super divinos para pintalabios, más o menos durables, y para eso sí que se hacen grandes investigaciones, (que por cierto son muy poco éticas, siendo los animales los mayores afectados).

A todo esto yo me pregunto, ¿y nuestra racionalidad como diseñadores dónde queda?
¿Éste es el momento de planteárnoslo? ¿Deberíamos haberlo hecho ya o nos tocará hacerlo más adelante?

La verdad es que no lo sé, pero creo que me he picado con esto de diseñar un buen cenicero de terraza…

Ari B. Miró

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3 thoughts on “Tanto para unas cosas y tan poco para otras

  1. Paula Marsal

    El diseño de las pequeñas cosas es un mundo muy extenso y con mucho futuro, pero en el que, por desgracia, poca gente como tú se fija o bien pocos quieren meterse, por pensar que al ser pequeñas cosas no sacarán beneficio de ellas. Pues bien, estoy muy de acuerdo contigo sobre este tema, más funcionalidad y menos “bonitismo”. Hay un ejemplo genial de esto y es el invento del anti-quema-yemas. ¿Qué es? Pues es este pequeño e ignorado trocito de cartón que evita que te quemes las yemas de los dedos con el vasito de café calentito y revitalizante de la mañana. Mucha gente aún se preguntan para qué sirve ese trozo feo de cartón, sin saber que es el súper héroe enmascarado que les protege.
    A esto el diseño tan bien pensado de las tazas, el asa sirve para lo mismo, no quemarse, entonces ¿para qué se la cargan en tantos diseños? la hacen resbaladiza, pequeña, sin agujero… está ahí pero ya no cumple su función, y esto es obra del diseñador maligno, el enemigo del pueblo que quiere dejarnos sin huellas dactilares.
    Y yo digo, el buen diseñador se debe al pueblo, da igual si es rico o pobre, un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y es hacer un mundo mejor para todos dentro de nuestras posibilidades 😛

  2. Creo que has acertado en la diana respondiéndote a ti misma, el problema esta en la sociedad de consumo. Una sociedad en que no interesa que las cosas estén bien hechas, donde consideran que alcanzar la meta de la perfección significa terminar con una cadena de producción. No sigue aun encendida la bombilla del cuartel de bomberos nº 6 de Livermore (California), después de 110 años?
    Es cierto que en momentos de crisis, el seguir comprando es de las pocas cosas que pueden sacar a flote dicho país; pero eso es un pequeño parche que radica de un problema mucho mayor, un problema de los cimientos de esta sociedad.
    Yo digo, la sociedad no avanza porque los mas ricos perderían dinero. Así que distraigamos a la población con baratijas bonitas, de colores y brillantes, que no se fijen en lo que hay detrás.

    Abbey (M. Saavedra)

  3. Shenglin Xu

    Personalmente, creo que el problema es que el ser humano lo quiere abarcar
    todo, quiere explorar más allá de todo lo que tiene en sus manos, por eso una vez
    inventada una cosa, objeto, lo que sea, nos conformamos.

    La mayoría de veces, no miramos de mejorarlo, de aportar innovaciones,
    simplemente, nos olvidamos y enfocamos nuestra atención en algo nuevo, en
    buscar una cosa nueva a la que dedicarle tiempo.

    Quizás sea por la manera actual de vivir: todo rápido, práctico y nuevo.
    Tenemos una necesidad de intentar crear cosas nuevas, de innovar, de hacer algo
    diferente, pero nos centramos más en hacer algo desde cero que en intentar
    mejorar algo para que realmente sea algo útil además de bonito.

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