Libertad tiroteada

Hace unos pocos días el mundo afronto una de las mayores chacinas contra el uso de la libertad de expresión. El semanario satírico francés, Charlei Hebdo fue atacado por un grupo de fanáticos yihadistas, resultando en la muerte de 12 personas. Otras 10 resultaran heridas de gravedad, según las autoridades del país galo.

¿Cuál es la razón de tanta barbarie? Oficialmente, el semanario habría publicado en el año 2006 las caricaturas del profeta Mahoma…

Este triste episodio dio la vuelta al mundo suscitando un enorme debate entre los pueblos de uno y del otro lado del hemisferio. Escuchamos opiniones de los principales líderes mundiales sobre la tragedia y París fue sede de una enorme manifestación con la participación de millares de personas y jefes de estado de distintos países que se pronunciaban a favor de la libertad de expresión y condena rigurosa de la chacina perpetrada en nombre de Mahoma.

Transcurridos ya algunos días de este lamentable episodio y después de leer la opinión de distintas personas sobre el episodio, llego a la conclusión que esta situación solo se puede explicar mediante un enorme choque de civilizaciones.

Mientras en un país como Francia a blasfemia y la burla son aceptadas casi sin límites, en países en los cuales impera el fanatismo religioso, algunos seguidores del profeta Mahoma consideran que tales ofensas deben ser castigadas con la muerte: “un auténtico choque de trenes, una enorme diferencia de percepción de los valores fundamentales del uso de la libertad”.

Hasta uno de los líderes más carismáticos del momento, el papa Francisco, se manifestó en el sentido de decir que no es favorable a cualquier forma de violencia como tampoco considera inteligente burlarse de la fe y religiosidad de nuestros semejantes.

En un mundo cada vez más globalizado es increíble entender que por una cuestión de religiosidad las personas se consideren con el derecho de quitar la vida de un semejante.

Es como si el ser humano no hubiera evolucionado; es como si todavía estuviéramos en la era del imperio romano.

En este choque de civilizaciones es imperativo que la cuestión de la libertad y del respeto mutuo prevalezca para evitar que situaciones tan crueles como las que acabamos de vivir sigan ocurriendo.

Hace unos pocos días el mundo afronto una de las mayores chacinas contra el uso de la libertad de expresión. El semanario satírico francés, Charlei Hebdo fue atacado por un grupo de fanáticos yihadistas, resultando en la muerte de 12 personas. Otras 10 resultaran heridas de gravedad, según las autoridades del país galo.

¿Cuál es la razón de tanta barbarie? Oficialmente, el semanario habría publicado en el año 2006 las caricaturas del profeta Mahoma…

Este triste episodio dio la vuelta al mundo suscitando un enorme debate entre los pueblos de uno y del otro lado del hemisferio. Escuchamos opiniones de los principales líderes mundiales sobre la tragedia y París fue sede de una enorme manifestación con la participación de millares de personas y jefes de estado de distintos países que se pronunciaban a favor de la libertad de expresión y condena rigurosa de la chacina perpetrada en nombre de Mahoma.

Transcurridos ya algunos días de este lamentable episodio y después de leer la opinión de distintas personas sobre el episodio, llego a la conclusión que esta situación solo se puede explicar mediante un enorme choque de civilizaciones.

Mientras en un país como Francia a blasfemia y la burla son aceptadas casi sin límites, en países en los cuales impera el fanatismo religioso, algunos seguidores del profeta Mahoma consideran que tales ofensas deben ser castigadas con la muerte: “un auténtico choque de trenes, una enorme diferencia de percepción de los valores fundamentales del uso de la libertad”.

Hasta uno de los líderes más carismáticos del momento, el papa Francisco, se manifestó en el sentido de decir que no es favorable a cualquier forma de violencia como tampoco considera inteligente burlarse de la fe y religiosidad de nuestros semejantes.

En un mundo cada vez más globalizado es increíble entender que por una cuestión de religiosidad las personas se consideren con el derecho de quitar la vida de un semejante.

Es como si el ser humano no hubiera evolucionado; es como si todavía estuviéramos en la era del imperio romano.

En este choque de civilizaciones es imperativo que la cuestión de la libertad y del respeto mutuo prevalezca para evitar que situaciones tan crueles como las que acabamos de vivir sigan ocurriendo.

-Guille Bastos Oliva

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