Category Archives: diseño

Se detectan a leguas!

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Una de las modas más cool hoy en día es ser hipster. El movimiento hipster empezó en los años 40 con el jazz. Hoy en día se utiliza este término para describir los que están en contra de la moda, es decir, los alternativos.

 Los hip eran aquellos que sabían de jazz y que conocían la subcultura emergente afroamericana. El término deriva de “hip”, un adjetivo inglés usado desde la década de 1940 con el sentido de “fresco” o “innovador”.
 
Pues bien, el ocio de estos alternativos es escuchar música independiente sobre todo los géneros un-rave, minimalista, rap independiente, nerdcore, garaje rock y punk rock. Además leen mucho, como revistas de Vice o Another Magazine. La poesía también está muy de moda entre estos individuos, y como no el cine independiente.
 
La moda de los hipsters esta marcada por los pantalones super ajustados, junto con el resto de ropa mal combinada y llena de capas cual cebollas. A ellas en cambio llevan vestidos floreados  y cinturones vintage, con la hebilla más grande que puedas imaginarte! La ropa la compran en tiendas de segunda mano o vintage y los complementos siempre son handmade. Aunque parezca que no queda bien se pasan tiempo diciendo: cómo “no combinar” la ropa para que quede “combinablemente hipster”.
 
El pelo es muy sencillo, para él totalmente desenfadado y con barba o bigote y para ellas suelto o recogido con un moño mal hecho!
 
Además suelen tener consciencia sobre el medio ambiente y no utilizan coches ni motos, sino que va en bicicleta, y concretamente en fixed, una bici de carretera/ciudad, ligera y de piñon fijo. 
 

Así que si notas algunos de estos aspectos en tu mejor amigo, tu vecino, o el frutero no dudes que es un independiente, un alternativo, sí, un hipster! 

 

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Claudio de Llanza

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Tanto para unas cosas y tan poco para otras

En más de una ocasión la gente que me conoce me habrá oído preguntar “¿Cómo puede ser que el ser humano sea capaz de clonar animales y aún así todavía le siga fallando el wifi?

Día a día hay pequeños detalles que hacen que me de cuenta de que nuestra rama laboral aún tiene mucho trabajo por delante (lo reconozcan o no las grandes instituciones) y eso me preocupa. Me decepciona un poco profesionalmente ir a un bar y seguir escuchando a la gente decir “¿y mi piti? Si lo había dejado aquí”. Mirar debajo de la mesa y verlo ahí tirado, sucio y pisoteado después de que una corriente de aire se lo haya llevado por delante por no haber pensado bien en el diseño del cenicero de terraza.
Otra cosa que me ronda por la cabeza es el tener que pasearse con el “maldito” casco de la moto en la mano después de aparcar en el centro para ir a hacer tus compras, o que las tazas te sigan quemando las manos después de haber calentado tu cafelito de buenos días.

Y sí, sé que existen “cachibaches” de diseño súper molón y cuco que se venden en algunas tiendas como el Natura o Vinçon, pero ¿por qué no se ha conseguido que toda la sociedad lo utilice? ¿por qué no han funcionado del mismo modo que funcionó la fantástica idea de pegarle un palo a un estropajo y llamarlo fregona?
Quizá, el error sea nuestro por centrarnos más en hacer cosas bonitas que nos gusten a primera vista y luego, si eso, que cumpla una funcionalidad que no le quita el sueño a nadie. O por lo contrario buscar ideas y conceptos que quieran arreglar el mundo sin tener en cuenta estos pequeños detallitos.

Por otra parte estoy segura de que el consumismo tiene mucho que ver en esto. Los diseños demasiado buenos afectarían al flujo de consumo, ¿no? Sería el mismo principio que la obsolescencia programada, cuanta menos durabilidad tiene un producto o antes pasa de moda, mejor es para nuestra sociedad de consumo.

Pero, ¿en serio?
¿En serio, hace falta que sigamos sin un bonito y funcional cenicero que aguante el cigarro con algún tipo de pestaña o lo que sea que le haga falta para sostenerlo? Y mientras tanto, siguen saliendo miles de colores nuevos y super divinos para pintalabios, más o menos durables, y para eso sí que se hacen grandes investigaciones, (que por cierto son muy poco éticas, siendo los animales los mayores afectados).

A todo esto yo me pregunto, ¿y nuestra racionalidad como diseñadores dónde queda?
¿Éste es el momento de planteárnoslo? ¿Deberíamos haberlo hecho ya o nos tocará hacerlo más adelante?

La verdad es que no lo sé, pero creo que me he picado con esto de diseñar un buen cenicero de terraza…

Ari B. Miró

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De la tinta al píxel.

Tots coneixem l’origen del disseny gràfic. Si mirem enrere en el temps i ens posem romàntics pensant en Gutenberg i en altres pioners que van contribuir a fer entendre al món el destí d’aquest ofici, recordarem les seves arrels. En els seus orígens no tenia cap sentit relacionar disseny gràfic amb qualsevol altre cosa que no fos paper i tinta. Durant segles va ser així però, malgrat l’evolució contínua de la tecnologia que en permetia la producció, amb l’aparició de l’ordinador al segle XX, tot va canviar per a l’editorial.

En el moment en què va aparèixer el primer software i es va poder veure el primer píxel en una pantalla, va ser com quan Gutenberg va construir la primera impremta i l’escriptura manuscrita va quedar sentenciada. En aquest cas no va ser una sentencia molt clara i immediata, però al llarg dels anys el món digital ha demostrat ser molt capaç de substituir les funcions de la indústria editorial.

Actualment estem en un punt de transició molt interessant. El fenomen dels ebooks substituint polèmicament la venerada forma del llibre i permetent-ne molts més usos. Diaris que es publiquen via online, reduint molts més costos i oferint igual de qualitat d’informació o millor. Tot podent ser llegit i compartit a partir de qualsevol aparell, ja sigui portàtil, ipad o mòbil. Cada vegada més veiem com el món digital te un futur molt brillant, mentre que l’editorial queda com un enigma del què només ens podem preguntar “quant”. Quant desapareixerà i serà rellevada completament per un competidor tant agressiu. El com tampoc el sabem del cert, però el què és segur és que cada vegada més els píxels voldran assumir les funcions que durant tant temps només la tinta podia assolir.

Per sobre de tot s’ha de mirar a aquest possible futur amb optimisme. La indústria editorial no desapareixerà, senzillament quedarà obsoleta en determinades funcions, com ja n’ha quedat en algunes. Si tornem a mirar enrere quant l’impremta va substituir el sistema d’escriptura manuscrit, aquest últim no va desaparèixer, va tenir que adaptar-se. Actualment podem veure l’escriptura manuscrita com un recurs útil per al dissenyador gràfic o com un ofici íntegrament. Els cal·lígrafs que demostren la qualitat dels seus traçats i el coneixement de la lletra obtenen encàrrecs de molts clients. No es tracta com fa segles de una professió tant requerida, però existeix. Ha tingut el seu moment i ara s’ha adaptat a les necessitats de la cultura actual.

De la mateixa manera, l’editorial a mesura que perdi protagonisme i notorietat, tindrà l’obligació de complir altres necessitats. Haurà d’evolucionar i fer-se valdre molt més en altres àmbits.

El món digital, per la seva banda és un sector molt interessant actualment des del punt de vista del disseny. Ha crescut i evolucionat d’una forma impressionant aquests últims anys i encara falta veure el que hagi d’arribar. Com a dissenyadors gràfics és important tenir-ho en compte.

Andreu Martorell.

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Odio a primera vista

Ahora que me toca ponerme delante de un ordenador para escribir en un blog y puedo hablar de algo que me gusta. Ahora, se me antoja todo lo contrario. Así que voy a escribir sobre algo que detesto.

¿Detestar? Pues sí, ni más ni menos, porque es lo que “ELLAS” me provocan.

Las conocí oficialmente hace cuatro años y desde un inicio me parecieron insoportables. Se presentaron por sorpresa, con su aire amigable y desenfadado. Tenían ese no sé que, que atraía con su estilo moderno que al fin y al cabo ni era estilo ni era moderno. Su forma de ser, tan adaptable, que claramente era una señal de falta de personalidad. Se vestían de diferentes formas, colores y materiales. Se movían con soltura entre la gente y se iban con cualquiera. Por lo general siempre eran bien recibidas, con sus sonrisas, frases ingeniosas y con mucho por contar. Pero muy frecuentemente llegaban tan al límite que no podían evitar cruzar la línea de lo incívico y de lo incorrecto. Lo peor de todo, es que no era culpa suya, sino de esas personas que se juntaban con “ELLAS” y que, dejándose llevar por su actitud, se olvidaban de que hay ciertas cosas que no tienen mucho sentido.

Tras una breve estancia desaparecieron y me sentí aliviada. Pero era una mera ilusión porque como mínimo una vez al año aparecen de nuevo. Otra vez con sus viejos discursos y las mismas promesas de modernidad, creatividad, derechos, etc. Y año tras año me sigo preguntando que necesidad hay de lidiar con “ELLAS”.

¿Por qué no las alejo de mí? Porque tienen fieles seguidores que creen en “ELLAS” muy firmemente y yo me veo en medio de ese mar de halagos sin poder deshacerme ni un instante de su presencia. Si por mí fuera, las eliminaría de mi vida al instante. O al menos, las ignoraría cuando aparecieran, pero me resulta imposible.

Y es que las odio. No puedo con “ELLAS”. Ni las comprendo, ni las entiendo, ni creo que llegue a hacerlo nunca. Me hacen perder el tiempo y por consiguiente yo a “ELLAS”. Y tanto insistir por aparecer en mi vida y en las vuestras, ha acabado por desquiciarme. Sí sí, habéis leído bien, en las vuestras también. Y es que el odio a primera vista existe, y a veces hay que saber guiarse por las primeras impresiones.

Pero de que poco me hubiese servido dejarlas de lado. Porque muy a mi pesar me han hecho falta para llegar donde estoy. Porque “ELLAS”, las “INTERVENCIONES EN EL ESPACIO PÚBLICO” me las he tenido que tragar con embudo y sin respirar.

Sònia Rico Duarri

Lea las instrucciones de este medicamento y consulte a su diseñador.

Después de pasar dos semanas con amigdalitis y que mi mesita de noche estuviera decorada por diferentes cajas de medicamentos apiladas, me hizo ver que aquello solo hacia empeorar mi campo de visión. Fondo blanco y helvética para todas, colores como el verde, rojo, azul, amarillo son los que cubren la mayoría de las cajas. Jugando con formas geométricas o simplemente creando un degradado digno del WordArt.

Diseños que, obviamente, todos deven seguir un código establecido para facilitar su distribución e identificación, yo ahí no me meto. Pero eso no quita que podamos encontrarnos unos medicamentos que sigan respirando ese aire de seriedad e inflexibilidad (ya que como en el caso de el antibiótico, cada ocho horas una dosis durante siete días, como se te ocurra fallar una sola vez vuelves a la casilla de salida, doy fe), pero que mirarlos mientas los abres no te recuerden lo crudo y aburrido que es estar malo y que te haga pensar como en mi caso, hostia otra vez estas pastillas, pero si no hace tanto que tuve amigdalitis…joder si ya no fumo!!.

Sinceramente creo que aparte de tomarnos los medicamentos con otra actitud, creo que tendría un componente práctico que esta ausente hoy en día y que facilitaría aún mas su distribución, por ejemplo: El otro día que ya me notaba con algunos síntomas y después de pasar por el médico decidí ir a la farmacia a buscar Amoxicilina (mas conocido como antibiótico de toda la vida). Al entrar ya veo que son dos chicas jóvenes que supongo que estaban de prácticas, les entrego la receta y se gira a buscar entre tanto cajón. Después de un rato me saca una caja de antibiótico y al verla le digo:

– Perdona este no es como el que tube la ultima vez.

– Bueno, es posible, es el mismo principio activo pero de un laboratorio distinto.

– No mira es que yo hace nada estuve malo igual, y tenia uno distinto pero que me fue muy bien. Era blanco como este con una franja amarilla y un circulo azul, este en cambio tiene la franja lila.

Al final hice caso a la chica y me quede con el que me daba porque entendí que tenia lógica lo que me decía. Pero yo salí de la farmacia con mal sabor de boca, porque me sentí ridículo peleándome por un circulo o una franja que al fin y al cabo son igual de feos. Este creo que fue el punto en el que pensé si tengo que discutir otra vez por un medicamento que sea por un diseño de los que habían en los años cincuenta.

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Alejandro Zalacain

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